Si hay un marisco que desata auténticas pasiones en las mesas del norte, ese es, sin duda, la nécora. Este pequeño crustáceo, de caparazón aterciopelado y carácter bravo, esconde en su interior uno de los manjares más codiciados por los amantes del buen comer.
Hoy en el blog de Cetárea Tazones queremos detenernos en su secreto mejor guardado: su espectacular carne blanca. Un bocado delicado, yodado y con ese sutil toque dulzón que solo el mar Cantábrico es capaz de imprimir.
A menudo, cuando pensamos en la nécora, lo primero que nos viene a la mente son los corales (en las hembras) o el intenso sabor del caldo de su caparazón. Sin embargo, la verdadera joya de la corona es su carne blanca, que encontramos principalmente en las patas andadoras y, sobre todo, en los músculos del pecho (los "carretes").
A diferencia de otros crustáceos, la carne de la nécora destaca por tres cualidades gastronómicas únicas:
Textura firme y jugosa: Al ser un animal muy activo que habita en zonas de fuertes corrientes y rocas, sus músculos son fibrosos pero increíblemente tiernos.
El equilibrio perfecto: Ofrece un contraste fascinante; un primer impacto intensamente salino (puro mar) que deja un retrogusto dulce y suave en el paladar.
Sabor inconfundible: No necesita disfraces. Su potencia es tal que se defiende sola, sin necesidad de salsas ni aderezos complejos.
Existe un eterno debate en las cetáreas y sidrerías asturianas. Tradicionalmente, muchos buscan las hembras por sus apreciados corales, pero los devotos de la carne blanca lo tienen claro: los machos son los reyes.
El consejo del patrón: Los machos de nécora suelen desarrollar unas pinzas más grandes y un pecho más robusto. Si lo que buscas es extraer esos hilos de carne blanca, compacta y rebosante de sabor, un buen macho de nécora del Cantábrico nunca te va a fallar.
Para apreciar la finura de la carne blanca, el respeto al producto es sagrado. La mejor forma de prepararla sigue siendo la más clásica: cocida en agua de mar (o agua con la proporción justa de sal, unos 60 u 80 gramos por litro) y un par de hojas de laurel seco.
Comer nécoras es un arte que requiere paciencia y las manos limpias. Para extraer la carne blanca intacta:
Separa las patas y las pinzas del cuerpo.
Retira el caparazón superior.
Limpia las branquias (las "barbas") que cubren el cuerpo.
El truco definitivo: Corta el cuerpo transversalmente por la mitad. Verás los compartimentos de finas paredes calcáreas llenos de una carne blanca inmaculada. Con la ayuda de un cuchillo pequeño o tus propias manos, presiona suavemente para extraer los bloques de carne enteros.
En Cetárea Tazones sabemos que la frescura es el ingrediente principal de la calidad. Nuestras nécoras son seleccionadas una a una, garantizando que el marisco llegue a tu casa vivo, fuerte y con sus propiedades intactas.
Ya sea para una celebración especial o para darte ese capricho el fin de semana, apostar por la nécora es llevar la esencia del Cantábrico a tu mesa.
Y tú, ¿eres de los que prefiere el sabor intenso del caparazón o te quedas con la delicadeza de la carne blanca?
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